Orgullo 2026: de lo que no se habla, no existe

Un año más, desde el Colegio Oficial de Trabajo Social de Madrid nos sumamos a la conmemoración del Orgullo LGTBIQ+, una fecha que es celebración, memoria y reivindicación. Celebración de la diversidad, memoria de quienes lucharon por los derechos que hoy disfrutamos y reivindicación de todo lo que aún queda por avanzar. 

El Orgullo sigue siendo necesario porque los derechos nunca son definitivos. La historia nos ha enseñado que las conquistas sociales pueden ampliarse, pero también cuestionarse, debilitarse o retroceder. Por eso, defender la igualdad, la libertad y el reconocimiento de todas las personas continúa siendo una tarea colectiva que requiere compromiso, visibilidad y acción. 

Este año queremos detenernos en una reflexión sencilla: de lo que no se habla, no existe. 

La visibilidad no es una cuestión estética ni una moda pasajera. Los símbolos, las campañas, los mensajes institucionales, los referentes y la presencia de la diversidad en los espacios públicos tienen un impacto real en la vida de las personas. En una región como Madrid, históricamente referente en la defensa de los derechos y libertades de las personas LGTBIQ+, resulta especialmente importante no normalizar la desaparición o reducción de estos espacios de reconocimiento y visibilidad. Cuando la diversidad desaparece de la conversación pública, cuando se reduce su presencia o se considera innecesario seguir nombrándola, se transmite el mensaje de que ya no es importante. 

Nos preocupa especialmente el impacto que esta invisibilización puede tener sobre las personas más jóvenes. Niñas, niños, adolescentes y jóvenes necesitan referentes, espacios seguros y mensajes claros que les permitan construir su identidad y desarrollar su proyecto de vida en libertad. Crecer sin representación, sintiendo que quienes son o a quienes aman constituyen un problema o una cuestión que debe permanecer oculta, genera aislamiento, miedo y sufrimiento. 

También nos preocupa el avance de discursos que cuestionan derechos ya reconocidos y que presentan la diversidad afectivo-sexual y de género como una ideología en lugar de como una realidad humana. Frente a ello, reivindicamos que la igualdad, la dignidad y la no discriminación no son opiniones: son derechos fundamentales que deben ser protegidos y promovidos por el conjunto de las instituciones y de la sociedad. 

Desde una perspectiva feminista, sabemos que ninguna desigualdad actúa de manera aislada. La orientación sexual, la identidad de género, el origen, la discapacidad, la edad, la situación socioeconómica o administrativa pueden convertirse en factores de discriminación cuando se acumulan barreras y prejuicios. Por ello, defendemos una mirada interseccional que reconozca la diversidad de experiencias y situaciones que atraviesan las personas. 

Pero también sabemos que cada derecho conquistado, cada espacio seguro construido, cada referente visible y cada avance en igualdad constituyen factores de protección colectiva. Son la prueba de que los retrocesos no son inevitables y de que una sociedad más justa y diversa es posible cuando existe voluntad para construirla. 

Como trabajadoras sociales, defendemos que la orientación sexual, la identidad de género, la expresión de género o la intersexualidad no son aspectos secundarios de la vida de las personas. Forman parte de quiénes somos, de nuestras relaciones, de nuestras redes de apoyo, de nuestras experiencias de inclusión o discriminación y de nuestra manera de participar en la comunidad. Ignorar estas dimensiones supone renunciar a comprender plenamente las realidades sociales con las que trabajamos cada día. 

Por ello, el Trabajo Social tiene la responsabilidad de promover intervenciones libres de prejuicios, respetuosas con la diversidad y comprometidas con la garantía efectiva de derechos. Nuestra profesión está llamada a acompañar a las personas en toda su diversidad, defendiendo los derechos reconocidos y contribuyendo a hacer visibles aquellas realidades que todavía encuentran obstáculos para ser plenamente legitimadas y protegidas. 

Asimismo, reclamamos a las administraciones públicas que mantengan un compromiso activo con la igualdad y la diversidad. No basta con reconocer derechos en las normas; es necesario sostener políticas públicas, campañas de sensibilización, recursos especializados y espacios comunitarios que permitan hacerlos efectivos. La neutralidad frente a la discriminación no existe. La ausencia de posicionamiento también transmite un mensaje. 

En este Orgullo 2026 queremos reivindicar el valor de la visibilidad, de los referentes y de los derechos conquistados. Porque la diversidad existe, forma parte de nuestra sociedad y merece ser reconocida, protegida y celebrada. 

Hoy, más que nunca, reivindicamos que de lo que no se habla, no existe. Y por eso seguiremos nombrando, visibilizando y defendiendo la diversidad en todos los espacios donde se construye ciudadanía, comunidad y derechos. 

Por una sociedad más libre, más justa y más diversa. Por los derechos de todas las personas. Feliz Orgullo